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» La tecnología es un aliado estratégico para los despachos»//Entrevista a Esther Montalvá,  abogada experta en derecho tic. Diputada del ICAM

By 17th enero 2019 No Comments

Perfil profesional,

Licenciada en Derecho por la Universidad de Valencia. En su trayectoria profesional destacan sus años como civilista en la firma legal valenciana Abecoval; y su labor de asesoramiento in house a la Dirección de Operaciones de la multinacional Intermundial para la comercialización de seguros turísticos en los medios digital y off line, así como para su proceso de internacionalización en Europa y Latinoamérica. Más adelante, se incorpora al despacho de abogados Tourism&Law, desarrollando las áreas de Derecho del Seguro, Propiedad Industrial y Derecho Digital en la industria turística durante 3 años. Actualmente es la Socia Directora del Despacho Legal Travel, despacho especializado en Derecho Turístico,  fundadora del Despacho íntegramente Digital Pérez Montalvá Abogados, Socia de la consultora de comunicación in5 y Consejera de Nueva Mutua Sanitaria.

En el ámbito docente, es profesora en universidades, escuelas de negocios e incubadoras de start ups, articulista, conferenciante y consultora para medios de comunicación en el ámbito del Turismo y la distribución on line, además de participar en proyectos de investigación académica. Tras ser nombrada Secretario de la Comisión de Derecho Turístico y Derecho de las Nuevas Tecnologías en la Agrupación de Jóvenes Abogados del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid en 2014,  fue elegida por la Abogacía madrileña en 2017 como  Diputada de Asuntos Digitales de la institución.

¿Qué objetivos quiere cubrir el foro 4.0 que va a poner en marcha el  ICAM?

Queremos convertir el Foro en un auténtico think tank en el que los profesionales del Derecho digital, pero también los empresarios, techies, partidos políticos y administración pongamos en común retos y problemas que plantea el desarrollo del mercado digital y la normativa vigente y en el horno, y busquemos soluciones comunes, reflexionadas y constructivas que, sin perjudicar la seguridad jurídica de la sociedad civil, potencien el emprendimiento, los nuevos modelos de negocio y mantengan a España en el nivel de competición global que le corresponde.

¿Cuál es el nivel de conocimiento de la tecnología y de las novedades tecnológicas de los abogados en general?

No obviemos que la tecnología actualmente es totalmente transversal. Un abogado laboralista no puede, por ejemplo, presentar escritos si no es a través de Lexnet. Un procesalista que no consulte todas las bases de datos de jurisprudencia on line, difícilmente configurará un escrito mejor que el que sí lo haga.  Otra compañera que no conozca las especificidades de cada red social, difícilmente podrá defender satisfactoriamente a un cliente que haya sufrido una vulneración de derechos en ellas, sin ilustrarse previamente. El despacho que crece mucho, sin una herramienta de gestión interna , no optimizará sus recursos ni podrá obtener información comercial valiosa para competir en el mercado, que lo expulsará.  Y así podríamos seguir durante muchos párrafos. La Abogacía va aprendiendo y va incorporando las novedades tecnológicas a su práctica, siendo sólo algunos los que han (hemos) hecho del mundo de la tecnología una especialización que, cómo no, nos obliga a formarnos especialmente  en tecnología y en modelos de negocio (lo cual no es fácil dada la velocidad con la que cambian las normas y con la que nacen nuevos modelos con regulaciones propias y dispersas).  El resto, considero que cada día están más concienciados, pero queda mucho por hacer.

¿Qué aspectos formativos deben ponerse en marcha para mejorar ese conocimiento?

Debemos segregar en dos bloques: por un lado, la formación en aptitudes digitales para la Abogacía para el propio ejercicio de sus tareas; y por otro, la formación en cuestiones de Derecho Digital.

En el primero, el abanico es más básico: uso de herramientas software básicas para el ejercicio (Lexnet y Ofimática), uso de bases de datos jurídicas y naturalización del uso de herramientas sencillas de gestión documental y contable.  Desde el Centro de Estudios del ICAM realizamos múltiples cursos para ayudar a los colegiados y colegiadas en este sentido.

En el segundo bloque, el espectro es, sin embargo, excitantemente infinito.  La tecnología tiene sus especificidades en cada industria, pero es que además, cada día, surgen nuevos modelos que escapan de la normativa, la bordean, o simplemente la provocan a nivel global. La formación del abogado de TICs no se limita a las normas en vigor que directamente afectan al mercado digital: sus bases civilistas deben ser tan sólidas que le permitan fundir conceptos procedentes del propio Romano y crear contratos atípicos que reflejen las nuevas figuras de clientes, colaboradores, plataformas, intermediarios, consolidadores, buscadores, etc. Una suerte de creatividad en el Derecho que me hace admirar cada día más a los compañeros y compañeras que nos hemos dedicado a esto.  A ello hay que sumar, además, una constante formación (diaria) en los avances tecnológicos y un seguimiento exhaustivo de la prensa, cómo no.

No cree que estamos mitificando el uso de la tecnología en los despachos de abogados…

En absoluto. Como decía antes, la tecnología permite al despacho la optimización de sus recursos, la mejora de su capacidad y control comercial, la ordenada contabilidad y gestión de expedientes, el control de los plazos, y un largo etc.

Lo primero es conseguir el “think in digital”. No hay mayor fracaso en un proceso de digitalización de un despacho (o de cualquier tipo de empresa) que diseñar una herramienta ad hoc para gestionar el quehacer diario de un “letrado analógico” que simplemente informatice los mismos pasos y trámites que se realizan manualmente.

Una vez que se comprende y se interioriza que la tecnología debe minimizar las gestiones (en tiempo y en necesidad de intervención humana) y que ello nos permite dedicar más tiempo a otras labores más necesarias para la Abogacía (como la labor comercial o simplemente pensar), el resto viene rodado, pues se despierta el interés.  Existen en el mercado decenas de herramientas de gestión de despachos standard, que además en casi todos los casos permiten la customización adaptada al cliente con pequeños desarrollos informáticos adicionales que le hagan más suya o incorporen alguna especificidad del sector o la rama con la que trabaje habitualmente.

¿Es cierto que una buena tecnología puede reducir distancias entre despachos grandes y otros más pequeños?

Depende de en qué parámetro midamos esas distancias. Si medimos los años de asentamiento de marca de los despachos grandes (la “percepción de marca”), sus contactos con grandes empresas, etc. evidentemente, no.

No obstante, sin duda, la tecnología sí que permite no sólo reducir, sino igualar totalmente a los abogados y abogadas, sea cual sea el tamaño de la estructura en la que trabajen, en cuanto a la gestión del conocimiento (jurisprudencia y archivos históricos de casos propios que se puedan reutilizar), en cuanto a la formación (plataformas de formación on line, acceso a bases de datos, etc.) , en gestión y contabilidad, y en cuanto al marketing digital, esto es, en cuanto a la capacidad de llegada al segmento “libre” que actúa sobre los buscadores con parámetros genéricos sobre una necesidad concreta.

¿ La irrupción de la tecnología cree que hará cambiar la forma de ejercer la profesión de abogado?  ¿Qué opinión tiene de los portales que ofrecen consultas jurídicas online?

Ya la ha cambiado, para algunos, así que sí, sin duda. Cuantas más opciones tecnológicas existan para la comercialización de nuestros servicios, más seremos los que las probemos. Las autoridades de competencia a nivel nacional e internacional se muestran muy flexibles con los nuevos modelos de negocio, y cualquier limitación a la libre autorregulación del mercado se está suprimiendo, así que la Abogacía no creo que sea tratada de modo distinto, sin obviar la deontología y la ética que envuelven nuestro negocio, claro.

Para mí las plataformas de abogados son un avance natural e inevitable de nuestra profesión. La tendencia de “economía colaborativa” (yo la llamo producción colaborativa) está alcanzando a todos los sectores y es una oportunidad excelente para aquellos profesionales, sobre todo los independientes, que no tienen medios económicos para invertir o mantener webs o campañas on line de marketing constantes. Asimismo, considero que los sistemas de puntuación y comentarios nos ayudan enormemente a acercarnos al nuevo perfil de nuestro cliente, al que le gustan las referencias tipo “LawyerAdvisor” antes de “comprar el producto”. No obstante, no podemos olvidar que en nuestra regulación está prohibido el comisionamiento por referencias, por lo que los servicios jurídicos del ICAM ya están trabajando en un análisis preliminar de la situación para determinar cuándo podría deontológicamente considerarse que el letrado está comisionando a la plataforma, o cuándo le está pagando un fee por sus servicios de publicidad. Haremos públicos los resultados cuando los tengamos.

Se habla de LegalTech de un movimiento que auna la tecnología con el derecho ¿Cómo cree que va a evolucionar en los próximos años?

Para mí, el Derecho en sí nunca podrá obviar completamente la intervención humana mientras la normativa procesal mantenga actuaciones presenciales en las que los profesionales, en sala, tiramos de experiencia, intuición, agilidad mental y estrategia para reconducir situaciones. Lo mismo pasa con la recabación de datos inicial en ramas concretas del Derecho como el penal en general, el laboral o el Derecho de Familia, en la que un o una letrado/a reúne una serie de características (empatía, traslación de seguridad emocional, confianza, etc.) que la inteligencia artificial aún está lejos de alcanzar.

No obstante, ya existen procesos y trámites standard en los que la tecnología puede ser (ya está siendo, no lo olvidemos) una auténtica revolución en nuestro sector. Ya contamos con herramientas inteligentes que con la introducción de parámetros nos redactan los textos procesales, que los cruzan con jurisprudencia, que miden nuestras tasas de éxito, que nos interconectan con la documentación de otros abogados,…

Para mí esta evolución tecnológica superará la mera llevanza administrativa interna y la gestión del conocimiento, pasando a incorporarse al proceso, creándose bases de datos intercomunicadas que permitan la resolución on line de los conflictos que descongestione los juzgados. En cuanto a su servicio al letrado, creo que la evolución será, por un lado,  la hiperespecialización de las herramientas según las áreas de práctica y las industrias, de modo que cada vez éstas cuenten con una inteligencia más específica; y por otro, la interconexión de la Abogacía con otras plataformas de profesionales vinculados (peritos, procuradores, colegios profesionales, etc.).

Hablar de tecnología es hacerlo de privacidad ¿Saben nuestros abogados moverse en los cambios introducidos por el Reglamento Europeo de Protección De datos y la nueva LOPD?

Es complicado. Hablamos de una normativa extensa, con infinidad de cuestiones a tener en cuenta, y de una profesión de la que podemos ser inhabilitados por las quiebras de la confidencialidad. La presión es máxima y la Abogacía trepidante. Muchos compañeros y compañeras nos trasladan que no tienen tiempo “para sentarse a mirárselo” y la implementación del Reglamento siempre queda después de las urgencias.

No obstante, para facilitarles la labor, desde el ICAM hemos realizado una publicación (un cómodo libro) para ayudar a todos los abogados y abogadas a implantar el nuevo reglamento en sus despachos de la mejor forma posible.

¿Qué es lo mas complicado de entender de esta nueva manera de concebir la privacidad?

Desde mi parecer, el gran reto es el cambio de la responsabilidad, que se ha trasladado totalmente al responsable de los datos.  La implementación interna de los sistemas de control y seguridad, de los procesos, etc. obliga a uno mismo a autoanalizar sus propias costumbres y detectar los riesgos, y luego, a modificar esos hábitos. Aunque parezca demencial, las organizaciones grandes, que ya contaban con protocolos estandarizados, han asumido de una forma más rápida los cambios, por la mera costumbre de sus equipos a ceñirse a reglas internas.

¿Qué consejo le daría al abogado o despacho que cree que la tecnología no va con ellos y que puede prescindir de ella?

La Abogacía actual es, a mi parecer, responsable y abierta por defecto. No creo que exista ya ningún compañero o compañera sin smartphone o sin ordenador. Muy pocos sin web. Desde los colegios tenemos la gran responsabilidad de acercarles comercialmente las herramientas que mejoren su día a día, pero también debemos llevar a cabo tareas de concienciación en digital thinking. Además, la tecnología actual es sumamente intuitiva, y las adaptaciones se reducen a días, por lo que no existe de facto ninguna barrera formativa o intelectual que separe a un abogado en ejercicio de la incorporación de herramientas digitales a su día a día. Seguiremos trabajando.

Por @LuisjaSanchez, Periodista Jurídico

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